Loading...

Follow Earth Rights International on Feedspot

Continue with Google
Continue with Facebook
or

Valid

One man was a renowned author and producer. Another was a university lecturer. One, a truck driver. Another, an engineer. Many were fathers and husbands. All were executed. Their names were Ken Saro-Wiwa, Saturday Doobee, Nordu Eawo, Daniel Gbokoo, Paul Levera, Felix Nuate, Baribor Bera, Dr. Barinem Kiobel, and John Kpuinen, and most were leaders of the Movement for the Survival of the Ogoni People—a nonviolent grassroots group from the Ogoni region of Nigeria that fought for Shell to clean up lands devastated by Shell’s oil operations in the Niger Delta.  

They came to be known as the Ogoni Nine, and, to widespread international condemnation, were convicted of speculative charges on October 31, 1995. By November 10, they were dead—executed by the Nigerian military dictatorship of General Sani Abacha.

Of course, it shouldn't really matter what type of men they were, or the level of education they achieved. How many children they had, or what jobs they held. It should matter that they were bold environmentalists, unafraid to call out the oil industry and a corrupt government for “ecological racism.” It should matter that they unjustly died for their cause after being convicted by a military-appointed special tribunal—in part based on the testimony of prosecution witnesses who later recanted and came forward to say that they had been offered bribes of money and jobs at Shell. It should matter that this all occurred during a time when Shell reaped an average of 278,000 barrels of oil a day from Nigeria. And it should matter that their struggle continues.

In a final statement that Ken Saro-Wiwa penned before his death, he wrote that:

"The Company has, indeed, ducked this particular trial, but its day will surely come."

And so today, take a moment to remember the Ogoni Nine, and know that their movement is carried forward by survivors and advocacy groups who work to ensure that the day Ken Saro-Wiwa spoke of surely does come—today, their legacies live on through courts around the world:

  • This month, a court of appeals in the UK has agreed to hear an appeal by communities of the Niger Delta regarding extensive oil pollution on their lands.
  • In June, four Ogoni Nine widows initiated a suit in the Netherlands against Shell for complicity in the execution of their husbands.
  • And just last year, here in the U.S., we filed an action in federal court to gain access to important evidence to assist with the widows’ action in the Netherlands.  

Over the past 20 years, ERI has worked with Ogoni communities to demand accountability for Shell’s complicity in human rights abuses. EarthRights continues to stand in solidarity with the movement of the Ogoni Nine, and remembers them today.

 

 

Source: EarthRights International

Read Full Article
  • Show original
  • .
  • Share
  • .
  • Favorite
  • .
  • Email
  • .
  • Add Tags 
Contact: 

Valentina Stackl (USA)
+1 (202) 466 5188 x100
valentina@earthrights.org

EarthRights International (ERI), junto con la campesina peruana Máxima Acuña Atalaya de Chaupe y su familia, han presentado una solicitud para un orden judicial (medida  cautelar) en la corte federal de Delaware contra Newmont Mining Corporation y tres de sus afiliados corporativos.

Durante más de seis años, Newmont ha liderado una campaña de hostigamiento y abuso contra la familia con la intención de expulsarlos de sus tierras y allanar el camino para una nueva mina de oro a cielo abierto en Perú, una de las más grandes de América Latina. Los Chaupes presentaron una demanda civil en septiembre ante el mismo tribunal de Delaware. Las amenazas a la familia Chaupe también han sido reconocidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que otorgó "medidas cautelares" que requieren que el gobierno peruano las mantenga a salvo. La presente solicitud pide medidas cautelares de la corte estadounidense para que las empresas Newmont detengan el abuso.

Pero aproximadamente un mes después de que fue presentada la demanda, el personal de seguridad de la filial peruana de Newmont, Minera Yanacocha, invadió la granja de los Chaupes y destruyó sus cultivos de papa, eliminando una vez más una fuente de alimentos e ingresos para la familia. Newmont no ha mostrado señales de que detendrá el acoso.

El patrón de abusos junto con la invasión reciente ha forzado a la familia a buscar una orden judicial para detener la campaña de intimidación. La solicitud de hoy tiene como objetivo proteger a la familia, mientras que el tribunal federal considera los reclamos de la familia contra Newmont en los Estados Unidos, y los tribunales peruanos resuelven la disputa de tierras subyacente. Si el juez concede la solicitud, a Newmont y sus afiliados se les ordenarán que dejen de hostigar físicamente y psicológicamente a la familia y dejen de invadir la granja de la familia, conocida como Tragadero Grande.

 

Declaraciones:

"A pesar de que presentamos una demanda el mes pasado, Newmont y sus fuerzas de seguridad han seguido hostigando a Máxima Acuña de Chaupe y su familia. Hemos presentado esta solicitud para pedir al tribunal que detenga la intimidación para que la familia Chaupe pueda vivir pacíficamente y cultivar sus tierras. Newmont debe respetar su derecho a quedarse en paz y evitar que sus matones hostiguen y ataquen a esta familia".

- Marco Simons, Asesor Legal General en ERI

 

 "Buscamos justicia a través de la orden judicial preliminar porque queremos que la compañía respete nuestros derechos y deje de hostigarnos en Tragadero Grande y la región de Cajamarca donde el personal de la compañía nos está persiguiendo. No somos libres".

- Ysidora Chaupe- Acuña, demandante

 

"Claramente, necesitamos el medias cautelares  porque la compañía continúa ingresando al territorio y nos abusa psicológicamente y no es justo que continúen haciéndolo. El sistema de justicia peruano no hace nada. Nuestras vidas no son seguras, las vidas de toda nuestra familia no está seguro. Estamos arriesgándonos a que uno de los miembros de mi familia desaparezca porque todos los días estamos en peligro y no nos dejan sembrar [nuestras semillas] y tenemos que tener seguridad".

- Jilda Chaupe- Acuña, demandante

 

"El caso es un símbolo de la lucha para defender mis derechos como ciudadano y prevenir futuras amenazas de compañías extranjeras".

- Maxima Acuña de Chaupe, demandante

 

Contexto

Los Chaupes son agricultores de subsistencia que residen en las tierras altas rurales de Cajamarca, Perú. Cultivaron cultivos y criaron ganado en un terreno conocido como Tragadero Grande durante más de veinte años. En 2011, agentes de Newmont Mining Corporation intentaron expulsarlos de su granja por la fuerza para que Newmont pudiera expandir sus operaciones de extracción de oro. Desde entonces, la familia reclama que los agentes de Newmont han utilizado el acoso y la violencia para tratar de desalojar a los demandantes de su granja. Los Chaupes alegan que han sido atacados y amenazados físicamente, y que los agentes de Newmont han destruido sus propiedades y posesiones, y han matado o atacado a sus mascotas y ganado. Alegan que Newmont tiene el poder de poner fin a estos abusos, pero se rehusaron a hacerlo porque los Chaupes se interponen en el camino de los planes de Newmont para construir una enorme mina de oro.

La demanda federal de EE. UU. fue presentada en septiembre 2017 y la solicitud adicional presentada hoy buscan detener un patrón de acoso y abuso físico y psicológico que la familia Chaupe ha sufrido a manos del personal de seguridad que trabaja en nombre de Newmont y sus filiales corporativas. Newmont, una compañía minera de EE. UU. constituida en Delaware, es uno de los productores de oro más grandes del mundo.

El caso es Acuna-Atalaya v. Newmont Mining Corp., No. 17-cv-01315-GAM en la Corte de Distrito Federal de los EE. UU. para el Distrito de Delaware. Además de EarthRights International, los demandantes están representados por la abogada pro bono de Delaware, Misty Seemans.

 

Source: EarthRights International

Read Full Article
  • Show original
  • .
  • Share
  • .
  • Favorite
  • .
  • Email
  • .
  • Add Tags 

Last month, U’wa indigenous leader and lawyer Aura Tegría Cristancho began a three-week visit to the U.S. While in Washington D.C. to advocate for the U’wa case at the Inter-American Commission on Human Rights (IACHR), she gave a presentation to discuss the mobilization of the U’wa in defense of their territory in Colombia. Her presentation, hosted by our friends at Amazon Watch, began with the screening of the Guardians of the Blue Planet which shows the U’wa Nation’s connection to Madre Tierra (Mother Earth) and the difficult battle they have been fighting to protect their territory. Despite having made agreements in 2014 not to encroach on U’wa territory, the Colombian government failed to uphold these protections and allowed Ecopetrol to construct the Gibraltar Gas Plant in U’wa territory. In July 2016, the U’wa organized a peaceful take-over of the plant and maintained occupation of the plant for 49 days.

Attendees watch Guardians of the Blue Planet before Aura's presentation.

 

The Long Struggle

Their demonstration of fortitude had a direct impact on the country as it caused a 25 percent increase in gas prices for the Santander region and resulted in international news coverage. They stood united to protect their territory despite being wrongly accused by the government of kidnapping the gas plant workers. They held their batons as peaceful guardians even as the government sent in anti-riot police. They asked themselves why they were being treated like guerillas for a non-violent occupation, while in 2000, the government didn’t hesitate or question the legality of evicting the U’wa and expropriating their land, during which three U’wa children died. After two negotiations with the government, it was agreed that the government would fulfill its original agreement and in return, the U’wa released the gas plant.

As Aura took over the podium, the beautiful hymn played in the video reverberated in my mind with the imagery of the resilient U’wa people united: “with courage and strength in their hearts raising their ceremonial batons in pursuit of justice and survival.”

 

The U’wa Mission

The U’wa nation follows the path left by their ancestors to defend and protect the earth. Their mission to maintain the balance between the four pillars-earth, water, mountains, and sky-goes beyond protecting their land. They demand that Mother Nature be respected and protected, for all of nature is connected and environmental destruction anywhere is a threat to all communities. In U’wa tradition, water connects the current world with the after world and oil is the blood of Mother Earth which helps maintain the spiritual balance.

Aura’s conviction and enthusiasm transverses more than the desire of the U’wa, but represents communities around the world, which are all brothers to the U’wa. They work in unity with the campesinos of the region to defend the land and resources together so that all can live more peacefully and in harmony with Mother Nature. Their key to success is the international relationships they have formed and Aura described the unity between brothers and the support from partners as a natural equilibrium which creates peace. She has been inspired by other movements around the world, including the Dakota Access Pipeline protests in the U.S.

While the fight continues, it can be difficult to have the resistance and resilience to stay strong day after day, but what renews the strength of Aura and the U’wa people is seeing the global effect of their work and uniting with other activists. Aura pledged that they will continue to fight for their rights and to protect Mother Earth when the Sun does not rise anymore and until the last U’wa is standing.
 

Blocking Occidental Petroleum

In Colombia, the U’wa have seen huge successes in blocking Occidental Petroleum from drilling on their land and dismantling Ecopetrol from drilling for natural gas at Magellanes in their territory. These victories are also largely due to their innovative and strong legal strategies that draw upon their culture, western knowledge, international communication and peaceful collectives. Their community, led by the elders, takes part in mobilized action to demand rights and protection of land in order to live in peace.

As the Colombian government and the FARC engage in negotiations and peace talks, the U’wa are demanding that the government honors the agreements from 2014 on rights to territory for campesinos and indigenous groups. The peace deal in Colombia is seen as a huge accomplishment in conflict resolution. However, the U’wa fear this will lead to increased foreign investments and more threats of mega projects. They express that the government needs to take into account the visions of all who participate in civil society, including the campesinos, indigenous and African descendants. They hope that discussion of these topics will be possible in the new talks between the government and the ELN.

 

What the Future Holds

The U’wa case was a request for 15 years in front of the IACHR until 2015 when it was granted admissibility, allowing the case to move forward in Colombia. As the first case of its kind, it is opening doors for other indigenous cases in the IACHR. The legal strategies and community organization demonstrate that the path is set for others to follow suit in demanding human rights and land rights.

The U’wa’s case is groundbreaking in that it challenges the general law in Latin America that the government owns subsurface resources such as minerals, oil, and gas. The U’wa defend that these resources are inextricable and cannot be separated from their land or conceded. ERI Attorney Marissa Vahlsing, who also spoke at the event, added “the U’wa have the advantage, not only in their conviction but also in their legal strategies.” She described that they have proof of titles from the King of Spain, who originally colonized the region, which recognizes that they own the land that makes up their territories as well as the resources below ground.

The determination of Aura and the U’wa to protect their land, culture, and the environment was tangible during her presentation. She described that with their movement, it is not what you see, but what you feel. The brother communities and indigenous groups around the world may not share the same cultural beliefs as the U’wa, but they strengthen the movement through their shared passion to protect human rights and coexist peacefully with Mother Earth. 

Source: EarthRights International

Read Full Article
  • Show original
  • .
  • Share
  • .
  • Favorite
  • .
  • Email
  • .
  • Add Tags 

Hace un par de semanas EarthRights International ERI y una abogada pro bono de Delaware, Misty Seemans presentamos una demanda en los Estados Unidos contra Newmont, una de las empresas mineras más grandes del mundo. La demanda se presentó en representación de Máxima Acuña Atalaya y su familia, quienes reclaman que han sufrido ataques físicos y psicológicos por parte de la minera hace más de 6 años. La razón de la demanda es sencilla: las Corporaciones multinacionales no pueden  cometer violaciones de derechos humanos y es necesario exigir su responsabilidad y sanción.

La lucha por la defensa del territorio, la vida y la dignidad ha hecho que la historia de Máxima Acuña y su familia sea conocida en Perú y América Latina, pues sin duda ella se ha convertido en un símbolo de la defensa del territorio que resiste a un modelo extractivista que viola derechos humanos en todo el continente. La demanda alega que, desde agosto de 2011, la familia Chaupe ha enfrentado un patrón de agresiones y hostigamientos por parte de trabajadores y personas conectadas a la empresa minera Newmont Mining Corporation y la Minera Yanacocha, que es una filial indirecta de Newmont en Perú. (Por su filial, Newmont Second Capital, Newmont es el dueño de más de 50% de Minera Yanacocha.).

La fuente de los ataques contra la familia Chaupe es el interes que tienen las mineras sobre el terreno de Máxima, en el que ha vivido junto con su familia por más de 20 años. Sobre este terreno hay un interés particular para el proyecto minero Conga, y con él la explotación de oro más grande de Sur América. Así pues, la familia reclama que ante la negativa de Máxima y su familia de vender su terreno a Minera Yanacocha, estas y sus trabajadores han utilizado la fuerza y han intentado desalojarles incontables veces.

La demanda tiene dos objetivos principales, primero, frenar el hostigamiento y las agresiones contra la familia Chaupe para que evitar violaciones de derechos humanos futuros y, segundo, que la familia sea reparada por el sufrimiento físico y psicológico que ha padecido durante años, así como por el daño a sus cultivos y animales. Ambas cosas, al amparo del derecho a la justicia, y bajo la premisa de que las empresas deben respetar los derechos humanos y los Estados deben fiscalizar y regular su accionar, para proteger y garantizar la vida e integridad de todas las personas.

No es una sorpresa que la minera Yanacocha, Newmont, otras personas e instituciones, nieguen los hechos y las violaciones de derechos humanos que ha sufrido la familia y presenten manifestaciones inadecuadas en su contra y sobre los reclamos y denuncias públicas que realizan. Esa es una manera más de seguir con el hostigamiento y violencia verbal en su contra. Sin embargo, ahora serán los jueces los que van a determinen la veracidad de los hechos y la responsabilidad de la empresa. Es momento de que se haga justicia para Máxima.

Es importante señalar que las propias empresas Yanacocha y Newmont han manifestado públicamente que “la familia Chaupe ha experimentado intentos de desalojo forzado de Tragadero Grande (es decir, en contra de su voluntad)”.

En relación con la reparación solicitada en la demanda, la Corte en los Estados Unidos va a decidir si la familia tiene derecho a recibir la reparación y el monto de la misma. Como práctica jurídica en ese país, los jueces otorgan una reparación a los demandantes si sufrieron daños y si es apropiado de acuerdo al contexto del caso.

La indemnización por violaciones de derechos humanos no debe ser controversial, pues esta, conforme a las normas y estándares internacionales constituye uno de los elementos de la reparación a la que tiene derecho toda persona que sufre una violación a sus derechos. La reparación ha sido un concepto ampliamente desarrollado y reconocido por los principales Tribunales de derechos humanos.

En consideración a la práctica aceptada por las cortes internacionales y regionales de derechos humanos, y por la práctica de los tribunales locales, la solicitud de una reparación es además de legítima un derecho que se reclama por vía judicial, cualquiera sea el Tribunal.

En este caso, el reclamo es ante una corte doméstica en los Estados Unidos contra una empresa multinacional y ante esta instancia no hay ninguna justificación para obviar el derecho que tiene la familia al pago de una reparación justa e integral. A las empresas también se les debe obligar a pagar reparaciones por los daños y las violaciones de derechos humanos de los que se les encuentre responsables. La familia cree que la demanda presentada en los Estados Unidos es la única oportunidad de la familia para obtener justicia ante las violaciones cometidas por Newmont y Minera Yanacocha, y la posibilidad de generar precedentes sobre la responsabilidad que tienen las empresas de la industria extractiva por actuar de manera arbitraria y violenta contra las campesinas y campesinos de nuestro continente.

 

Source: EarthRights International

Read Full Article
  • Show original
  • .
  • Share
  • .
  • Favorite
  • .
  • Email
  • .
  • Add Tags 

Separate tags by commas
To access this feature, please upgrade your account.
Start your free month
Free Preview